Fotografía de CÉSAR TAMARGO

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

jueves, 9 de febrero de 2017

Poesía Norteamericana (35): Mekeel McBride:




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ALBORADA

Ella se despierta mucho antes que él. Un fiero choque
de amor la obliga a alejar su mirada. Luz,
el color de la seda gris se acuna entre
las oscuras frondas de una palmera de Phoenix.
Dormido él se ríe, como si en cualquier  mundo, ahora suyo,
alguien danzara ebrio con un oso de Alaska
o se atreviese a besar la calva del alcalde,
y dejar la huella perfecta de unos labios rojos
que harán por horas la delicia de las golondrinas.
Lo mira dormir casi una hora y
aunque no se ría de nuevo, ni despierte
hablará cierta forma de sueño-parloteo
que contiene loros y una pizarra gris-paloma
polvorienta aún con tiza de la infancia. No puede ver
su cara sepultada en la almohada pero piensa
cómo en esa almohada el debe dejar algún
residuo de sueño: un nombre, una cicatriz,
compases de una canción en que dos personas
bailan en ese instante. Su pelo rojo fulgura contra
la funda simple de la almohada: un fuego benigno,
rico como cualquier color por el que Rembrandt habría
suspirado, primer murmullo profundo del sol naciente.



Mekeel McBride. 

Varios Autores. Líneas conectadas, Nueva poesía de los Estados Unidos. April Lindner Editor, 2006. Traducción de Zulai Marcela Fuentes.

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