Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

miércoles, 1 de febrero de 2017

Poesía Norteamericana (21):




Sitio Web de la Imagen


NI SIQUIERA DIJO ADIÓS
Para Marilyn Monroe


Sepulté a mamá en su vestido de novia
y le puse guantes en las manos,
pero no pude hacer mucho por su rostro,
amoratado e hinchado,
así que lo cubrí con una pañoleta de seda.
Me arremango el vestido hasta los muslos
y los froto,
mientras observo cómo ladeas el ventilador de la funeraria de atrás para adelante.
Oye. Ven acá. Cúbreme toda
como si nunca hubiera estado aquí. Nunca.
Vamos. No sé por qué hablo de esta manera.
De veras que fue un funeral bonito. El de mamá.
Toco las piedras falsas del corazón prendido en mi blusa.
Cariño, veásmolo de nuevo.
Ves. Es tan brillante como el rayo que la mató.

Camino hacia afuera
y miro de frente la casa vacía.
Me abrazas. No lo hagas. 
Déjame decir adiós.
Mamá nunca tuvo la oportunidad de hacerlo.
Ella caminaba hacia el establo
cuando la mató. Yo no me moví;
sólo me quedé parada en la puerta del mosquitero.
Todo su cuerpo se iluminó.
Nunca había visto algo tan bello.

Recuerdo que había llorado en la cocina
unos minutos antes.
Dijo, Dios mío. Casada.
No lo creo, Jean, no puedo.
Él recibe y recibe y tú solamente das.
En la puerta abrió los brazos
y corrí hacia ella.
Me apretó con fuerza:
me quedé sin aire.
Y me dijo, no lo hagas.
En diez años, habrá devorado tu corazón
y lo perdonarás, o a cualquier otro hombre, incluso eso,
y te aniquilará.
Entonces caminó hacia afuera.
Y yo continuaba diciéndole, tengo que hacerlo, mamá,
abrázame de nuevo. Por favor no te vayas.



Ai.

Varios Autores. Líneas conectadas, Nueva poesía de los Estados Unidos. April Lindner Editor, 2006. Traducción de Argentina Rodríguez.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.