Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

lunes, 29 de febrero de 2016

Especial Insolenzia (5): Me quema el sabor de tus ojos (2):


Me quema el sabor de tus ojos es la segunda parte de la trilogía Celesto y la Luna:




   Parece mentira que le demos tanta importancia al tiempo cuando en realidad no vale nada. Absolutamente nada. Puede que nos convenzamos a nosotros mismos de la necesidad de que el tiempo transcurra lento para poder estirar más nuestras vidas, que no se agoten antes de lo que nosotros mismos deseamos; pero lo que en realidad anhelamos es manejar su velocidad a nuestro antojo como si de un vídeo se tratase, darle al botón de acelerar o de ralentizar según nos interese. Sin embargo, si lo pensamos con detenimiento, estaríamos continuamente pasando hacia adelante y, en contadas ocasiones, pararíamos la imagen  examinaríamos la secuencia fotograma a fotograma para poder alargar el instante al máximo. Yo así lo veo. Borraría todo lo que no me interesa y me quedaría solo con lo realmente bueno. Diez minutos. Un cortometraje de mi vida. Pero un cortometraje de los buenos, de los que se te quedan grabados a fuego, como aquél del metro de Madrid y la pareja de desconocidos que pierden su oportunidad por gilipollas. Puede que ese mínimo instante de cinco segundos en el que se descubren, sea el único que merezca la pena en las vidas de ambos. Eso estaría bien. Únicamente lo que merece la pena. Y que le den por el culo a todo lo demás.



Carlos Sancet Cueto. Me quema el sabor de tus ojos.  Carcajada Records, 2011. Diseño y fotografía portada: Dejavú Rock. Grabados interiores: Mariano Castillo.



Gente sin Honor:


Por causa de gente indeseable, al final siempre acaban pagando justos por pecadores. Ayer, domingo, caí en la cuenta de que, en realidad, solo me relaciono con gente indeseable, y no me refiero precisamente a delincuentes habituales o gente así. No. Me refiero a gente que no cumple. Ayer, perdí toda la mañana porque Laura Fjäder y yo teníamos un recital. Pero al empresario que nos contrató se le olvido porque el sábado por la noche se lió hasta las tantas. Ayer, como consecuencia de ese olvido, terminé escuchando a un cantautor colega mío en un bareto cerca de donde Laura y yo teníamos que recitar. Y allí en ese bareto me encontre a un tipo que tendría que haber estado, por cojones, en nuestro recital. Pero no fue. Decidió que era mejor ir a ver al cantautor que ir a vernos a nosotros. Ayer, como consecuencia de todo esto y de más que me callo, acabé borracho como una cuba. Es decir: perdí pasta, perdí supuestos amigos y, encima, jodí la salud a base de bien. En resumen: si alguien quiere algo de mí, lo que sea, me suda la polla lo que sea, va a tener que empezar soltando las pelas por adelantado. Lo que sea, repito. David González ya no hace nada gratis, nada por la cara, nada por amistad, nada por nada. O sea que: ni te molestes en pedirme nada. Porque el gratis se acabó. El amor al arte se acabó. Nada será ya gratis. Nada, repito. Mi talento, poco o mucho, al igual que el de Laura Fjäder, ya no se dará gratis. Jamás de los jamases. Antes me muero de hambre. Que, de hecho, en esas estoy. En morirme de hambre, literalmente hablando. Y así y todo, sin tener un puto euro, seguía haciendo las cosas gratis o casi gratis. Se acabó. Es decir, en resumen: A no ser que vengas con la pasta por delante, ni te molestes en pedirme nada de nada de nada de nada de nada de nada. Desde que estoy en esto de la poesía, va ya para 20 años, me he caracterizado por ayudar a la gente, por darles cancha a sus historias en mi blog, por apoyarles, incluso saltándome a la torera mi poca salud. Se acabó, repito. Para morirme de hambre me muero yo solo. No necesito tu ayuda. Ni la de nadie. La pasta por delante. O, en caso contrario, ni yo ni Laura Fjäder, responderemos a tus peticiones. Está claro, para mí muy claro, que la peña considera que al hacer las cosas gratis eres un pringado. Se acabó, insisto. Si no hay pasta por adelantado, no pierdas el tiempo escribiendome porque mi respuesta será el silencio. Y esto va para todo Cristo. Amigos, conocidos, desconocidos, etcétera. En otra palabras: Sin pasta por delante, a tomar por el culo. Así de claro. A partir de este post, mi talento, si es que lo tengo, está en venta. Y para que nadie me toque más los cojones, mi talento estará en venta y a un precio al alcance de muy pocos. Vivo en una sociedad, en una Europa, que ha perdido total y absolutamente su humanidad. Una Europa, todos nosotros, que permitimos, como los alemanes en su día, que gente que huye de una guerra, venga aquí a morir de frío o de hambre o de palizas o de lo que sea. En resumen: Ya que vivo en una Europa de mierda, en una Europa capitalista, el que quiera algo de mí, lo que sea, por muy poco que sea, tendrá que pagar por ello y pagar un precio muy alto. Y si no, ya sabes,  ya sabéis, olvidaros de mí. No te necesito ni os necesito. Soy mayor y sé buscarme la vida. Y caso que no pueda buscarme la vida, prefiero mil veces o un millón de veces, morirme de hambre, de necesidad, antes que pedirte ayuda. Yo soy así. Por eso me llamo David González. Por eso soy David González. Pero, ya te digo, ya os digo, a partir de ahora, seré otro David González. Seré, como tú, como vosotros, un puto pesetero. Eso es lo que ha conseguido la gente que me ha fallado, que me sigue fallando, incluso la gente a la que consideraba como amigos. No existe la amistad. Únicamente existe el dinero. ¿Cambiar el mundo? Yo creía que era posible. Pero no lo es. Lo que sí es posible es el cambio en mi percepción de la realidad. Y ese cambio, insisto, costará a quien lo quiera una considerable cantidad de pasta. A tomar por el culo.


Patti Smith: Mis mejores canciones (1):


Patti Smith nos ofrece en esta maravilla de libro una selección de sus mejores canciones. Esto me permite ofrecerte 12 post, a uno al día, por la mañana. Espero que lo disfrutes.





Y empezamos con sus primeras canciones:


JURAMENTO

Jesús murió por los pecados de alguien
pero no por los míos
en un hervidero de ladrones
comodín en la manga
grueso corazón de piedra
mis pecados son míos
grabo en mi palma
una dulce X negra
Adán no echó una maldición sobre mí
yo abrazo a Eva
y asumo toda la responsabilidad
por todos los bolsillos que he saqueado
vil y astuta
todas las canciones de Johnny Ace con las que he bailado
mucho antes de que la iglesia
lo declarara limpio y recto
Así pues, Jesús,
te digo adiós
te despido esta noche
puedo hacer brillar mi propia luz
y la oscuridad es igual de brillante
te colgaron por mi hermano
pero conmigo marco el límite
moriste por los pecados de alguien
pero no por los míos.



Patti Smith. Mis mejores canciones. Penguin Random House, noviembre 2015. Traducción de Aurora Echevarría Pérez.

domingo, 28 de febrero de 2016

Especial Insolenzia (4): Me quema el sabor de tus ojos (1):



La formación de Insolenzia en Me quema el sabor de tus ojos sigue siendo la misma que en su trabajo anterior, salvo el batera, que en esta ocasión es Chuan Pablo Sancho. En este álbum, hay un espectacular solo de guitarra de Alfredo Piedrafita (Barricada) en Va a estallar. También Iker Piedrafita grabó órganos, percusiones y cuerdas frotadas. Y Miguel Lucía grabó el piano de Caer de pie.




Y te dejo con el tema Besos de antifaz:






Felipe Zapico Alonso: Muros marcados de tiza (y 3):




Me cortaría los dedos
y
te los dejaría en depósito
para
ver si los tejías
como
caricias perpetuas
o
simplemente
los aliñabas en salmuera.



Felipe Zapico Alonso. Muros marcados de tiza. Ediciones Amargord, 2016.





sábado, 27 de febrero de 2016

Y mañana: Laura Fjäder & David González en: 40 de Fiebre:






Felipe Zapico Alonso: Muros marcados con tiza (2):




VOCABULARIO MADERO

Te pegan pero resulta que es resistencia
a la autoridad
te empujan y es desobediencia
te ahostian,
te rompen
sangras
y se llama
autlesiones.
Uno de mil son condenados
a pena
de indulto.



Felipe Zapico Alonso. Muros marcados con tiza. Ediciones Amargord, 2016.






viernes, 26 de febrero de 2016

Especial Insolenzia (3): La Boca del Volcán (y 3):


Insolenzia son:

Daniel Sancet Cueto: voz y escritura.
Isabel Marcos Bisbal: voz, coros y guitarra.
Félix Ruiz Sangrós: guitarra
Eduardo García Martín: guitarra y coros.
Daniel Benito Álvarez: bajo.
Luis Gómez Alegre: batería.


Así pues, Daniel Sancet Cueto es el autor de la novela que comparte título con el disco, La Boca del Volcán, primera parte de la trilogía Celesto y la Luna, y cuya cubierta es esta:




Antes de dejarte con el primer párrafo de esta novela, agradecerle a Daniel Sancet Cueto el hecho de incluir una cita mía, junto a otras de Roberto Bolaño, Miguel Hernández, José Manuel Montorio "Chaval" y Gabriel García Márquez, al inicio del libro.


   Dicen, que cuando miras atrás y no ves nada es porque te encuentras perdido y tus raíces se han podrido sin poder morder la tierra con la fuerza necesaria como para abrazarla para siempre. Dicen, que cuando por las noches tus ojos no se pueden despegar del techo y tus pensamientos permanecen invisibles y peligrosamente huecos, es cuando más nítidamente puedes ver la infinita frialdad de la nada, el oscuro abismo del pensamiento, la cruel realidad de la existencia. Dicen, que cuando arrastras tu cuerpo hacia un punto en concreto del horizonte y avanzas de forma rectilínea sin llegar a ninguna parte, sueñas con algo que no existe, te engañas una y otra vez, expiras con el último aliento del día y resucitas con el dolor de la mañana. Así me sentía yo por aquellos días.



Daniel Sancet Cueto. La Boca del Volcán. Carcajada Records, 2010. Grabado de portada: Mariano Castillo.



Felipe Zapico Alonso: Muros marcados con tiza (1):





CON LA AYUDA DE DIOS

Esa mujer
dice que está curada
con la ayuda de dios
esa mujer
tomó su quimioterapia
con la ayuda de dios
esa mujer 
se sometió a cirugía
con la ayuda de dios
esa mujer contrajo el cáncer
con la ayuda de dios.
A mí me pasó algo
muy parecido
eso sí
sin la ayuda de dios.



Felipe Zapico Alonso. Muros marcados con tiza. Ediciones Amargord, 2016.





jueves, 25 de febrero de 2016

Toli Morilla: Mañana en La Revoltosa







Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (y 9):







    REGRESO AL CAMINO PERDIDO

    La mujer me obliga a escuchar. La miro fijamente. Bien, hable. No soy yo. Es el muerto el que habla. Y de nuevo salen a relucir mis viejos amigos. La historia circular. El negro cimarrón, fuerte y bruto, incansable y con olor a sudor de monte. Tiene un grillete roto en su tobillo derecho. Y corre y vuela con el machete en la mano. Pide aguardiente y tabaco. Y el indio astuto y delgado. Silencioso y sonriente. Hay que atenderlos con las ofrendas que piden. Ron, tabaco, velas y una flor roja, caracoles y hierbas de monte adentro. En un rincón encuentro, olvidados hace años, los hierros y las piedras cubiertas de polvo. Y por la noche regreso al camino perdido. Hablamos de esta vida intensa y caótica. Bebemos ron y fumamos. Como hacíamos antes, cuando todo era incierto, oscuro y hermoso. Ellos eran mis únicos amigos. Los que se entregaban. Y nada pedían a cambio.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.

   

miércoles, 24 de febrero de 2016

Toli Morilla & David González presentan Salimos Baratos:


Mañana, en La Caja de Músicos, a las diez de la noche, el cantautor Toli Morilla y yo presentamos el espectáculo Salimos Baratos:




Te dejo con Toli Morilla y una de sus versiones dylanianas:





Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (8):





NADA DE TRUCOS


    Ahora leo algunos poemas de Raymond Carver y descubro que hacia el final se escondió en Port Angels, un lugar lejos de todo junto al mar y los bosques. Tomaba té y se mantenía sobrio. Dejó de leer periódicos y de ver la TV.
    "Cuando escapé aquí trataba de alejarme de todo. Especialmente de la literatura. Hay en el alma un deseo de no pensar. De estar quieto".
    Y ahí se quedó con Tess, hasta que una noche el cáncer concluyó su labor y murió mientras dormía. Felices los que podemos escapar. Los que percibimos a tiempo la necesidad de fugarnos. Llamar por las tardes a los amigos y a las viejas amantes. Reirnos y hablar una hora. Recordar aquellos tiempos. Saber cómo les va a nuestros hijos y a los nietos. Después salir a caminar por la playa, al atardecer. Los niños ya son adultos, y enfrentan sus propios problemas.
    Me puedo alejar más. Reducir todo. A lo mínimo. Desmantelar los artificios. Nada de trucos. Detesto los poemas tramposos. Es mejor decirlo todo como un golpe duro al mentón.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.

martes, 23 de febrero de 2016

Especial Insolenzia (2): La Boca del Volcán (2): Mi silencio:


Esta es la cubierta de La Boca del Volcán:







Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (7):






Y ESE OLOR A MARISMAS

En un rincón de la casa
que abandono lentamente
encuentro pequeños recuerdos
de mis padres.
Evita los fetiches, me digo.
No vivas en el pasado.
Ríete y olvida.
Unas lágrimas
me hacen volver la cara.
Miro por la ventana.
Me seco los ojos y
no le doy importancia.
El caballo clava las herraduras
sobre el polvo del camino.
Ahora es de noche.
Tarde.
Allá afuera
el viento entre los árboles.
El perro ladra.
Asustado.
Los cangrejos entre la hierba.
Y ese olor a marismas.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.

lunes, 22 de febrero de 2016

Especial Insolenzia (1): La boca del volcán (1):


Durante los próximos días, las próximas tardes, los invitados especiales de este cuaderno de bitácora serán, son, la banda de rock Insolenzia, con un repaso por sus 3 discos-novelas. Y empiezo por el clip de vídeo de su disco La Boca del Volcán:




Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (6):






BORIS PASTERNAK EN SU DACHA

Cuando Boris Pasternak
ganó el Nobel
el gobierno soviético
no lo dejó viajar
para recibir su premio.
Tenían miedo de aquel escritor
serio y silencioso.
Siempre recuerdo su foto.
A página completa,
en la portada de Life,
en blanco y negro.
Alto y delgado,
moreno,
con una mirada penetrante y vital.
Muy serio, o triste quizás.
Tenía unas botas de goma,
de pie en el lodo,
en su huerto.
Con sus manos grandísimas y fuertes
agarraba el mango de madera de una pala.
La foto la tomaron
en su dacha,
en las afueras de Moscú.
Entonces yo era un niño
y pensé: "Este hombre es un amargado".
Ahora, cincuenta años después,
no tengo dudas.
El comunismo lo había amargado.
Stalin, la guerra, el KGB.
Ahora se sabe cómo lo hostigaron.
Un pueblo trágico. Demasiado castigado.
Pero él podía escribir poemas y novelas.
Y fue valiente.
Escribió duro
y se jugó el pellejo.
Pero no sonreía.
Supongo que después
invitó al fotógrafo
a un té negro y caliente
en el interior de la dacha.
Al parecer era otoño y había frío.
Los árboles ya no tenían hojas.
Y él, a pesar de todo,
seguramente era un hombre amable y educado.
Una vez, en abril de 1985, pregunté por su dacha.
Yo estaba en Moscú.
Todas las mañanas
salía a las afueras
a entrevistar cosmonautas
en su base de entrenamiento.
Había muchas dachas
en aquellos campos fríos y enlodados,
con niebla y restos de nieve.
Me pareció un lugar triste y pobre.
Pregunté varias veces:
¿Dónde está la dacha de Pasternak?
Y me respondían:
¿Quién es Pasternak?
Y sonreían con inocencia y candidez.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.


domingo, 21 de febrero de 2016

Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (5):






DESPUÉS DE LULÚ LA PERDIDA

Hace mucho tiempo
que no escribo ni un poema.
Los últimos fueron terribles.
Invadidos por el miedo y la furia.
Traspasados por el terror y el desespero.
Quedé asustado en medio del caos.
Solté el lápiz
como si fuera un cuchillo
ensangrentado.
Se inspiraban en la vida oculta
de algunas amigas. En Madrid.
Mujeres con doble vida.
Los leyeron y me dijeron:
"¡Oh, qué buenos! Nos gustan mucho.
Son muy pervertidos.
Eres un gran poeta".
Entonces, halagado, ingenuamente,
revelé mis secretos.
La identidad escondida de mis personajes:
Ahh, estas mujeres son ustedes
¿no se reconocen?
Y todo cambió.
Me dijeron: "Eres un imbécil y un machista asquerso.
Es mi intimidad. No tienes derecho".
Y yo: pero no revelo nombres ni nada, son ustedes
pero no son ustedes.
No me dirigieron más la palabra.
Se alejaron ofendidas. Muy dignas.
Ya no quieren verme
ni hablar conmigo
ni encontrarnos cuando vengo
a este pueblo
pequeñito y brutal.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.


sábado, 20 de febrero de 2016

Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (4):






LOS EXCESOS DEL DIABLO

I

Algunas noches escribo pequeñas cartas de amor
a Brigitte Bardot.
Nada importante.
Le recuerdo que en mi adolescencia
coleccionaba sus fotos
y me masturbaba cuatro
cinco
seis
veces al día.
Sólo masturbación a distancia
Jamás intenté ir a París
Pedirle un autógrafo
Acosarla con mensajes amenazantes y anónimos.
Enviarle mi foto (desnudo y en erección)
por correo aéreo.
No, nada de eso.
No se debe perturbar a los ídolos.
Veía todas sus películas docenas de veces
adoraba su sonrisa y sus gestos
coleccionaba sus fotos
pensaba en ella continuamente
y me masturbaba.
Ya. Hasta ahí.
Sólo ensueños / sus grandes y hermosas tetas
me jodieron la vida /
Jamás he visto otras iguales
La vida real habitualmente es un desastre.
Pero en la adolescencia aún no conocemos
ese pequeño detalle.
Ahh, la inocencia.
El amor a distancia es perfecto.

II

Ahora
cuarenta años después
le escribo cartas
y las guardo en una gaveta / silenciosamente /
en secreto.
No quiero molestar
a mi objeto sexual preferido.
Los mitos deben conservarse intocables
Alejados / entre las nubes
Muy lejos de nuestro alcance.
Sólo de ese modo
seguirán alimentando
nuestras deliciosas / imprescindibles /
pesadillas esquizofrénicas.



Pedro Juan Guitérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.


viernes, 19 de febrero de 2016

Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (3):






EN LA BOCA DEL LOBO

Algunos de mis mejores amigos
los más honrados y honestos
se suicidaron
No resistieron la avalancha
Algunas de mis mujeres
las más dulces y suaves
ahora son ácidas y corrosivas
Estoy en la boca del lobo
y no sé qué hacer
intento ganar tiempo
Será el instinto de conservación
El fantasma de Kavafis
Los influjos de la luna
Escucho los cantos gregorianos
en el crepúsculo
con un vaso de ron en la mano
y un acabo / y miro al mar
El asco y la mierda se disuelven
en la luz dorada
Y mi mujer / que limpia la casa
alejada de todo
me dice no bebas solo
prepárame un trago
ponle limón y miel de abeja.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.

jueves, 18 de febrero de 2016

Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (2):







HOMBRE QUE OLFATEA A SU MUJER

Yo estoy construido con los colmillos
de la serpiente
y el aullido del lobo
y el brillo del pez
y la astucia del tigre
y la potencia del toro
Yo soy un relincho salvaje
de los dioses
y un corazón de cordero
de donde mana sangre roja y caliente
Yo soy este hombre que atraviesa
la ciudad para mirarte a los ojos
y oler tu piel y respirar profundamente
y meterme dentro de ti
hasta tocar tus huesos
y decirte
esto es todo lo que puedo hacer.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015.


miércoles, 17 de febrero de 2016

BARESÍAS: Ana Lamela & David González: Mañana en El Bello Verano:

Mañana, Jueves 18 de febrero del año en curso, en El Bello Verano, el bar en el que incluso en invierno hace buen tiempo para la poesía, la poeta Ana Lamela y este menda lerenda ofrecerán una lectura poética: 





Te dejo con un clip de vídeo con Ana Lamela recitando su poema Gajos:






Y con otro clip de vídeo en el que recito Sangre en las venas:






Espero verte mañana por El Bello Verano :-)





Pedro Juan Gutiérrez: La línea oscura (1):


En este libro, La línea oscura, del cubano Pedro Juan Gutiérrez se recogen poemas escogidos de sus nueve libros de poesía, así que lo que voy a hacer es postear cada mañana un poema de cada uno de esos nueve poemarios. Y empiezo con un poema de Espléndidos peces plateados (1994).






EL DESCANSO DEL GUERRERO

Para Jacqueline Maggi


Una vez tuve una mujer en La Habana
que me enseñó a ver los colores.
Yo nunca veía los colores.
Los grandes planos de color, que se empastelan el uno en el otro,

se disuelven, se deshacen, se transforman
atravesados de luz.
Y yo me los perdía.
Ella vivía en el silencio y el aire.
Y me decía suavemente,
mira el dorado del mar en el crepúsculo
o el azul intenso y la espuma blanca a las ocho de la mañana

o el plateado de la luna,
la turbulencia de la lluvia,
la transparencia del invierno
o todos los verdes atropellados en el campo.
La fugacidad del gris y el naranja que se difuminan espléndidos

en ese minuto exacto en que el sol se va.
El mundo me cambió desde entonces.
Aprendí a vivir en la luz y en el color.
Conocí la fragilidad de la permanencia.
Aprendí tal vez a pensar lentamente,
aprendí a detenerme el tiempo necesario.
Entonces comencé a abandonar la prisa y el desespero.
Después ella, como es habitual
en los que tienen un gran corazón,
siguió sola su camino.
Y yo creo que fue preferible.



Pedro Juan Gutiérrez. La línea oscura. Editorial Verbum, 2015. Prólogo de Rafael Acosta. Imagen de portada: Lola del Castillo.


martes, 16 de febrero de 2016

Ese número no existe + La poesía la completa siempre el lector:



Ese número no existe. Eso escucharás si me llamas al móvil. Ese número no existe. Mi número no existe. Desde ahora, y hasta que lo solucione, no me es posible realizar llamadas así como tampoco recibirlas. Por lo tanto, si necesitaras llamarme por cualquier cuestión relacionada con la literatura, le escribes o llamas a Laura Fjäder, cuyo correo y número de teléfono lo tienes aquí al lado, en este mismo blog. Eso sí, puedo recibir wass. En caso de que quisieras llamarme, y esto va por mis amigos, por mis hermanos, por otras cuestiones, personales o no, entonces escríbeme un correo electrónico. En resumen. Ese número no existe. Pero, joder, de momento, y déjame tocar madera, existo yo. Y existe toda esa gente maravillosa que ayer acudió al Club La Nueva España a escuchar mi lectura de poemas y las palabras previas de Luis Miguel Piñera y la intervención de la poeta Laura Fjäder. No quiero olvidarme de Miguel Esteban Torreblanca, de radio Ujo, un tío, como diría yo, con un par de cojones y que a buen seguro aparecerá en alguno de los próximos cuadernos del ciclo en el que actualmente trabajo, pues historias como la suya merecen ser escritas, ya que en realidad no son historias: son hazañas, auténticas hazañas, de superación personal. Finalmente, como no me corresponde a mí comentar qué tal lo hice, qué tal recité, el periodista, y poeta, José Luis Argüelles, que conoce mi obra casi desde el inicio y que me ha escuchado recitar en numerosas ocasiones y en sitios de lo más diverso, firma este texto  a propósito de mi lectura y que ha salido hoy en el diario La Nueva España. Así que desde aquí, públicamente, quiero darle las gracias a José Luis por su texto, y a Luis Miguel Piñera por confiar en mí, y a Laura Fjäder por su breve pero genial intervención, y a Miguel Esteban por su entrevista, con la que ambos nos divertimos cantidad. Gracias que quiero hacer extensibles a todas las personas que asistieron a mi recital. Gracias. De corazón.





Lo repito. Gracias :-)


George Plimpton: El hombre que estuvo allí (y 3):



El periodista más peculiar presente en Kinshasa era Hunter Thompson, que cubría el combate para Rolling Stone. Yo siempre había sentido un vínculo estrecho con Thompson, porque aunque la gente lo llame periodista gonzo por su personaje personalizado (Miedo y asco en Las Vegas), siempre lo he considerado un periodista participativo, sobre todo por su extraordinario libro Los ángeles del infierno, en el que se unió a una banda de motoristas, en gran medida con el espíritu en que yo me uní a los Detroit Lions, solo que los motoristas resultaron ser una compañía de lo más desagradable, y a la postre le dieron una paliza, y de gran gravedad.



 


La noticia que circula por el Rialto, cómo no, es que Irving Lazar, el Rayo, el superagente literario, está escribiendo su autobiografía. Venderá su libro a los editores (y muy probablemente a las cadenas de televisión para una miniserie y a los estudios para una película), cosa que es noticia porque es muy posible que Lazar haya leído lo que va a vender. No suele ser así. Lazar tiene fama de no leer lo que escriben sus clientes. "Le eché un vistazo" es lo que dice a menudo, lo cual suele ser incluso una exageración.



George Plimpton. El hombre que estuvo allí. Contra, diciembre de 2015.



lunes, 15 de febrero de 2016

Ángela Figuera Aymerich: Toco la tierra (y 3):






SÍMBOLO

Llega una mano de oro luciendo un diamante,
una mano de hierro gobernando unas riendas,
una mano de niebla donde canta una alondra:
yo las dejo pasar.

Llega una mano roja empuñando una espada,
llega una mano pálida llevando una amatista,
llega una mano blanca que ofrece una azucena:
yo las dejo pasar.

Llega una mano sucia que sujeta un arado:
la tomo entre las mías y nos vamos a arar.



Ángela Figuera Aymerich. Toco la tierra. Editorial Páramo, 2015.


La casa de los corazones rotos (y 23): Un poema de Roger Wolfe:







LA AVERÍA

Dar amor, lo sé.
Pero no funciona.

Mostrar piedad, lo sé.
Pero no funciona.

Eliminar el Yo, lo sé.
Pero no funciona.

Acabar con el deseo,
lo sé.
Pero no funciona.

Poner
la otra mejilla,
lo sé.
Pero no funciona.

Vivir el hoy (y no el mañana
ni el ayer), lo sé.
Pero no funciona.

¿Qué hacer entonces?
No lo sé.
Y no funciona.



Roger Wolfe en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


domingo, 14 de febrero de 2016

David González: Recital Poético: Mañana, 15 febrero 2016:


Mañana, lunes, 15 de febrero del año en curso, en el Club de Prensa del diario La Nueva España de Gijón, ofreceré una lectura de poemas. Estarán arropándome la poeta Laura Fjäder, que me presentará, y Luis Miguel Piñera. Además, contaremos con un invitado sorpresa. Y en esta ocasión recitaré poemas que nunca suelo leer, lo que yo denominaría Caras B. Debajo del cartel te dejo con uno de dichos poemas:





EL SOMBRERO

Con Neal Cassady.


un guardafrenos y neal cassady
de pie
entre un tren de carga y uno de pasajeros

cuando se acerca el tren de pasajeros
avanza hacia ellos el vagón más ancho
el furgón de cola del tren de carga

neal cassady controla sus nervios
gira de lado su cuerpo y roza con la nariz
la puerta del vagón
pero se zafa

no así el guardafrenos:

está tirado debajo del tren de pasajeros
tiene la cabeza rota desde la nuca
hasta la mitad del cráneo
pero a modo de saludo o de despedida
todavía sujeta en la mano

su sombrero



David González en En las tierras de Goliat (Ediciones de Baile del Sol, 2008).






La casa de los corazones rotos (22): Un poema de Manuel Vilas:







AMOR

Una mañana Manuel Vilas sacó todo su dinero de los bancos.
Fue a las cajas de ahorro, fue a las compañías de seguros,
vendió su coche, anuló su plan de pensiones,
se lo llevó todo en efectivo, un buen fajo de billetes calientes.

Qué bien, dijo, qué fuerte,
y todos los empleados y los directores querían disuadirle,
pero Vilas tenía unas ganas infinitas de pasarlo bien.

Y luego se fue a ver enfermos,
a ver emigrantes, incluso se fue a las cárceles.

Quería ser un santo espectacular, tenía esa marcha,
tenía esa gran ilusión.
Quería ser Cristo, Lenin, San Pablo,
quería ir más allá del orden, de la naturaleza y de la vida.

Recorrió la ciudad de Zaragoza repartiendo dinero.
En Conde de Aranda, dio mil euros a tres árabes,
que le besaron los pies, y las manos y se arrodillaron.

En el barrio de Delicias, en la calle Barcelona,
dio trescientos euros a una negra africana,
y ella quería comerle el sexo al buen Vilas,
pero Vilas dijo hoy soy San Vilas,
consérvate para tu marido, él te necesita,
y yo os bendigo: anda, nena, ve en paz.

Y Vilas se echó a reír.

Fuego, qué fuego más grande,
y siguió repartiendo, a una vieja china
de un todo cien le dio seiscientos euros,
y la vieja le hizo una foto de diez millones de megapísels
y la amplió y la enmarcó y la colgó
en mitad de su tienda con dos velas debajo.
A un vendedor de La Farola, ese periódico
de los pobres, le dio ochocientos euros.
Y el vendedor se echó a llorar y ardía
como una vela en mitad de las catedrales antiguas.

Vilas quería ser un santo, tenía esa marcha.
Toda la mañana y toda la tarde estuvo quemando su dinero.
Miró la atmósfera y se estaban abriendo los palacios celestiales.
Estaba enamorado de sus semejantes.
Nunca vimos a nadie tan enamorado.



Manuel Vilas en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


sábado, 13 de febrero de 2016

George Plimpton: El hombre que estuvo allí (2):



   Entramos en un cuerpo a cuerpo. Me quedé sorprendido al ser apartado, cuando vi el brillo de la sangre en la camiseta de Moore. Parecía un poco alarmado. El torrente de lágrimas sin lugar a dudas lo desarmaba. Se adelantó y me envolvió en otro cuerpo a cuerpo. Me susurró al oído: Oye, respira, amigo, respira. Sonó la camana y me aparté de él hacia mi esquina, ansioso por sentarme.




Norman Mailer hablaba de Hunter Thompson con algo de desdén. Pensaba que era demasiado fácil complacer a los seguidores de Thompson. Era como jugar al tenis sin red. Los lectores de Thompson no tenían ningún interés en el evento -ya fuera la Super Bowl, la política o el combate por el título en Zaire-, sino solo en cómo afectaba el evento al autor. Así que, de hecho, la única cobertura que tenía que hacer Thompson era sobre él mismo: cuanto más desdeñara el combate y permaneciera alrededor de la piscina como una cuba y ensimismado en sus manías características (siempre que pudiera recordarlas y ponerlas por escrito), más les gustaría a sus lectores.



George Plimpton en El hombre que estuvo allí. Contra, diciembre de 2015.


La casa de los corazones rotos (21): Un poema de Ana Vega:







(AUSENCIA 1)

Y a la hora de cenar
un plato sólo
y un vaso hueco.
La sombría ausencia
de quien existe tanto
pero no está.
La mancha que lo emborrona todo
con su recuerdo.
La apetencia voraz
que se extiende por las cosas
y se diluye un instante
a medio libro,
que se enciende en cada página
y se esconde de nuevo.

El ansia de no tener,
del abandono a secas.



Ana Vega en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


viernes, 12 de febrero de 2016

Ángela Figuera Aymerich: Toco la tierra (2):







TOCO LA TIERRA

Toco la tierra. Toco
la tierra: palpo, siento
su centro visceral; busco el origen,
el núcleo; la raíz de la cadena.

Toco la tierra. Miro: cuerpos, rostros,
frentes de piedra, corazones
como carbones encendidos.
Manos abiertas como rayos;
puños cerrados como balas;
curvas espaldas de labriegos;
torsos batidos como yunques;
brazos de roble incorruptible;
piernas de acero verticales
apisonando guijarros.

Toco la tierra. Ahondo: descubro los cabellos
de los adolescentes y las tiernas muchachas
que crecen a escondidas moviendo las arenas.

Toco la tierra: dientes
de niño, pies de niño,
ojos de niño desgranados.

Toco la tierra: vientres
robados de las madres que yacen entreabiertos
como vacías conchas.

Toco la tierra. Escucho: son labios, son gargantas,
son lenguas: oigo voces,
palabras, besos, gritos, antiguas contraseñas.

Toco la tierra. Espero con voluntad paciente,
el brote incontenible de lo que está escondido.
El lento levantarse
de la segura, auténtica cosecha.



Ángela Figuera Aymerich. Toco la tierra. Editorial Páramo, 2015. 







La Generación Encantada (37): Pablo Benavente: Izar la negra (y 3):



LEY MORDAZA

Nos pusieron un bozal. Orgullosos.
No contaban con que aprenderíamos a morder
con las manos.





CAÑONAZOS

Cuando te vas,
la casa entera, huele
como si acabase de llover

*

Te di un reloj y me dejaste
con los bolsillos llenos de arena.

*

Algo no va bien.
Esta tristeza no está a la altura de mis sueños.



Pablo Benavente. Izar la negra. Frida Ediciones, 2016. Prólogo de Alberto Claver. Epílogo de David González. Cubierta de Cristina Reina.



La casa de los corazones rotos (20): Un poema de Diego Vasallo:







Los lugares ya no están
donde estaban
ni los ocupan las mismas personas.
El silencio ha acallado
el corazón de las cosas,
los colores se matizan
y se borran los recuerdos.
La música está ya
en otra parte.



Diego Vasallo en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


jueves, 11 de febrero de 2016

La Generación Encantada (37): Pablo Benavente: Izar la negra (y 3):







IMPOSIBLE DE ESCRIBIR

No me asustan las alturas,
el daño causado por caídas,
que deje de mojarme la lluvia.
No me asusta echarte de menos
o que me haga daño, es más,
aún sin conocerla ya quería
que me doliese.
Qué sentido tiene si no.

No se merece que la acabe olvidando, no quiero que sea una más.
Se le quedan tan cortos los números
que preferiría no tener que darle ninguno.
No me asusta cambiarles el nombre a mis demonios,
o acabar edificándole un trono en mi particular infierno personal.
Estoy seguro que, hasta allí,
acabaría causando una revolución
-no me cuesta nada imaginármela liderando, bandera en mano,
a toda una multitud bolchevique-.

A decir verdad,
no me cuesta nada imaginármela.
Estas ganas de tocarla más que enfermizas son reparadoras,
y puede que eso sí que empiece a asustar un poco.
Me aterra esa afición suya a pasar por droga de diseño,
esa voz de polvo de estrellas hecho aire,
ese mapa del tesoro trazado a lunares por su cuerpo,
deberías haberle olido la piel el otro día,
cuando solo galáctica se le antojaba como adjetivo.

Me aterra llegar a querer encerrarla en una jaula
solo para poder regalarle, yo, la libertad.
Su libertad.
No hay mayor regalo que darle a alguien la libertad con la que vino al mundo.

Me asusta esa aura de destino alterado que la hace estar ahí
a posta, adrede,
como su no pudiera ser de otra forma.
Como si todos debiéramos estar acostumbrados a este tipo de milagros,
a verla a ella, dándole un cambio de temperatura al invierno,
despilfarrando magia por todos los poros de su piel,
cicatrizando cualquier herida impuesta,
encerrando bajo llave a todos los demonios a los que, ya,
no les interesa torturarme.
Dándolo vida a poemas póstumos,
a poetas acabados,
creando posteridades más allá de la la tapa de cualquier libro.

Sabes a fecha señalada
y tengo que darte las gracias, porque,
a pesar de todo lo que me haces,
ni yo, que te andaba buscando,
habría podido
escribirte de esta forma.



Pablo Benavente. Izar la negra. Frida Ediciones, 2016. Prólogo de Alberto Claver. Epílogo de David González. Cubierta de Cristina Reina.


La casa de los corazones rotos (19): Un poema de Ana Pérez Cañamares:







EL CONTRATO

A todo me he entregado
como si fuera a durar.
Con cada persona
cada casa
cada ciudad
firmé un contrato
escrito sobre la piel.

Para decir adiós
he tenido que arrancarme
las cláusulas
a tiras.
Así ha sido
una y otra vez.
Con cada persona
cada casa
cada ciudad.

La letra pequeña
se esconde ya
entre cicatrices.



Ana Pérez Cañamares en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


miércoles, 10 de febrero de 2016

Ángela Figuera Aymerich: Toco la tierra (1):






EN TIERRA ESCRIBO

Si, por amar la tierra, pierdo el cielo,
si no logro completa mi estatura
ni pongo el corazón a más altura
por no perder contacto con el suelo;

si no dejo a mis alas tomar vuelo
para escalar mi pozo de amargura
y olvido el resplandor de la hermosura
para vestir el luto de mi duelo,

es porque soy de tierra: en tierra escribo
y al hombre-tierra canto, que, cautivo
de su vivir-morir, se pudre y quema.

Mi reino es de este mundo. Mi poesía
toca la tierra y tierra será un día.
No importa. Cada loco con su tema.



Ángela Figuera Aymerich. Toco la tierra. Editorial Páramo, 2015. Prólogo de Javier Barrio González. Cubierta de Paula B. González. 


La casa de los corazones rotos (18): Un poema de Cristina Morano:







LA NOTA

Cuando llegué a casa a medianoche
me encontré un papel sobre la mesa,
quizás una nota de los compañeros,
un telefonazo en mi ausencia
de alguien que necesita decirme,
no sé, te necesito, por ejemplo;
pero no era más que un aviso:
al día siguiente
teníamos que levantarnos temprano
para ir a sellar el paro.



Cristina Morano en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


martes, 9 de febrero de 2016

La Generación Encantada (36): Pablo Benavente: Izar la negra (2):






LIKE A ROLLING STONE

A Tálata Rodríguez


Como una piedra rodando, dijiste, al llegar,
con ese rumor en la voz de tierra del fuego,
pintando con las manos, en el aire, tus poemas,
con la fórmula secreta contra el tedio de los días
en un futuro posible enraizado a tus ojos inciertos:
esas mañanas, cuando hacías café,
cantabas una de Dylan,
y yo, mientras,
te quería.

Like a Rolling Stone, cariño, baila mi móvil,
cada vez que llamas, y estamos un paso
más cerca
del secreto.



Pablo Benavente. Izar la negra. Frida Ediciones, 2016. Prólogo de Alberto Claver. Epílogo de David González. Cubierta de Cristina Reina.


La casa de los corazones rotos (17): Un poema de María Luisa Mora Alameda:






DEMASIADAS VERDADES

Ya no sé qué decirte,
Se me escapan las palabras de la boca
y vuelan hasta ti sin mi permiso.
Demasiadas verdades.
Demasiada profundidad en los conceptos.
Demasiados oídos para escuchar mis confesiones.
Mientras, siento que tú te burlas de mis ojos,
que vas recogiendo mi mayor tesoro y devorándolo
como un caimán engulle al Mundo.
Demasiada tristeza para que se la cuentes a los otros
mientras los maremotos se apaciguan
y las fortalezas destruidas se vuelven a erigir en donde estaban.
Pero no sé qué decirte para que tú me confieses
dónde está el lugar de tus aviones,
dónde tus nubes bellas, dónde tu meteoro interrogante.
Y yo voy regalándote, sílaba a sílaba, las penas del pasado
mis anhelos dormidos,
mis pretenciosos mapas del orgullo.
Ojalá nunca me traiciones
y todo quede en ti
como quedan las ajadas flores
sobre las heladas tumbas de los muertos.



María Luisa Mora Alameda en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


lunes, 8 de febrero de 2016

Charles Reznikoff: (122):




Sitio Web de la Imagen


(122)

Durante la Segunda Guerra Mundial, volvía una noche a casa
por una calle que raras veces transitaba. Todas las tiendas
estaban cerradas excepto una: una pequeña frutería.
Dentro un viejo italiano esperaba a los clientes.
Mientras le pagaba vi que él estaba triste.
"Está usted triste", dije. "Le preocupa algo?"
"Sí", dijo, "Estoy triste". Entonces añadió
en el mismo tono, sin mirarme.
"Mi hijo se ha marchado hoy al frente y no lo voy a ver más".
"¡No diga esto!", dije. "¡Claro que lo verá!".
"No", respondió. "No lo veré nunca más".

Tiempo después, cuando la guerra había terminado,
me encontré una vez más en aquella calle
y otra vez era de noche, oscura y solitaria;
y otra vez vi al viejo solo en la tienda.
Compré algunas manzanas y le miré de cerca:
su delgada y arrugada cara era adusta
pero no especialmente triste. "¿Qué sabe de su hijo?, dije.
"¿Volvió de la guerra?" "Sí", contestó.
"Esto está bien", dije. "¡Muy bien!"
Él cogió la bolsa de las manzanas de mi mano, metió la suya dentro,
sacó una que había empezado a pudrirse
y puso en su lugar una buena
"Vino por Navidad", añadió.
"¡Fantástico!", "¡Esto es fantástico!".
Él volvió a coger la bolsa de manzanas de mi mano,
sacó una de la más pequeñas y puso una grande.



Charles Reznikoff.

Traducción de Jorge Ordaz.



La casa de los corazones rotos (16): Un poema de Itziar Mínguez Arnáiz:







EMILY DICKINSON

Su habitación
en Amherst
con vistas al mundo
fue su cuna
tumba
y morada

escribió 1775 poemas
5 fueron publicados



Itziar Mínguez Arnáiz en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


domingo, 7 de febrero de 2016

La casa de los corazones rotos (15): Un poema de David Minayo:







EL SILENCIO

Parece mentira
que no te des cuenta
de la forma en que sonrío
cuando estamos juntos.

El silencio
es la más arriesgada
declaración de amor.



David Minayo en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).



sábado, 6 de febrero de 2016

Alejandro Ruiz Morillas: @Alicia_Hot (y 2):




PORNO YONQUI

Fantasía deviene en fantasma y
son las tres de la madrugada.

Economía de dos punto cero. La mecánica
de la trata. Engancharte a tu
propia dopamina lleva su tiempo.
Su propia carga. La pantalla
te mantiene te

las cuencas de los ojos,
enalzado o perdido o. Trama
en el océano hipertexto, hiperimagen, hiperpublicidad
de tías en tetas y griterío,
mitad empaladas mitad empalmadas mitad
arcasmo. Piensas que esto,
que algún día te debió gustar, es hoy
la otra forma del insomnio.

En los días de la tele no había yonquis.
Solo zombis. Un zombi deja pudrir su vida
en el hueco del sofá del salón. Las imágenes
solo pasan. Sin complicidad. Por tu parte, solo
podredumbre. Pero el yonqui
se pudre igual, se deshace igual,
mientras se arrastra,
suplicante,
por su dosis -dobel clic- post drama
post certeza
buscando algo que sacie
la sed, esta sed. Que vive
dentro. Bebes la sed por alguien,
por algún ser.
Ese, que se retuerce

hoy
aquí
para ti.

Entre las líneas borrosas.



Alejandro Ruiz Morillas. @Alicia_Hot. Esdrújula Ediciones, 2015.




La casa de los corazones rotos (14): Un poema de Miguel Merino:







LLEGABAS FATIGADA DEL TRABAJO

Llegabas tarde, harta de aguantar
al jefe de sección, a la encargada
de mantenimiento. Colgaste el día
en el perchero. El pelo revuelto
te hacía cosquillas en la cara,
y no me permitían tus encantos
mirar hacia otro lado. Me besaste
-lo recuerdo- como se besa a un hombre.
(En el telediario, tonterías.)
Tomaste mis rodillas como asiento
y no puede remediar decirlo: "Eres
lo más bonito de la tierra".
Y por primera vez no era mentira.



Miguel Merino en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


viernes, 5 de febrero de 2016

La casa de los corazones rotos (13): Un poema de Vicente Llorente:







CONTESTANDO A TU PREGUNTA

Hay una sutil diferencia
en mi evolución poética:

Antes,
era feliz
y escribía.

Ahora,
escribo
y soy feliz.



Vicente Llorente en La casa de los corazones rotos (Ediciones Vitruvio, 2015).


jueves, 4 de febrero de 2016

Gsús Bonilla: Viga (y 3):







APUNTE SOBRE LA POESÍA II

Un buen día
resulta que no es aquel
donde nada más amanecer
luce un gran sol maravilloso.

Tampoco aquel otro
en el que llueve
para el beneficio de vuestra cosecha.

Un buen día es ése
donde dices de escribir un poema.

No sabes por qué, para qué
o para quién.

Sólo que
vas a escribir
un poema.



Gsús Bonilla. Viga. Ediciones Liliputienses, 2015.


La casa de los corazones rotos (12): Un poema de Fernando López Guisado:







Bajo los tilos
lo supe.

Aunque sucediera el hielo
y enmudecieran las estaciones.
En esa avenida de mi alma
el cielo siempre será un aplauso de hojas
con nuestras manos juntas, como besándose,
temiendo quizá perder un sueño
si aflojan ese abrazo inadvertido.

Eso es el poema:
preservado momento;
siempre rebrotando
incombustible,
aguardándote.
Reconstruyéndose en cada futuro.
Deconstruyéndose en cada sonido.

Como ambos entonces, en aquel junio
sincero, fresco, paseando en silencio,
cogidos de la mano,
bajo los tilos.



Fernando López Guisado en La casa de los corazones rotos (Ediciones Bitruvio, 2015).