Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

lunes, 30 de noviembre de 2015

Jam de Poesía en La Revoltosa: Viernes, 4 de diciembre:


Últimamente, por razones que incluso a mí se me escapan, no me paso nada por aquí. Vacaciones para la mente, lo llamo yo.  Sin embargo, en unos días retomaré este espacio para dejarte fragmentos y poemas y fotografías de unos libros que realmente merecen la pena, merece la pena leer y reflexionar sobre lo que en ellos se nos cuenta, estos libros en concreto: Madrid - Cochabamba, libro escrito a cuatro manos, las de Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino, Celebrar el aullido, de la poeta Paloma Corrales y El hueco de la mano, de PJ Harvey & Seamus Murphy. Pero esto será dentro de unos días, ya de cara a los regalos de las fechas navideñas, pues eso es lo que son estos 3 libros: Un regalo para los amantes de la literatura. Mientras, te dejo con el cartel que se ha currado mi socia Laura Fjäder para anunciar la Jam de Poesía que se celebrará este viernes, 4 de diciembre, en La Revoltosa, y en la que solo tienes que traer tus poemas, apuntarte, Laura y yo te presentamos y tú recitas o, como ya dije en otras ocasiones, si te da corte recitar tus poemas, Laura y yo estaremos encantados de hacerlo por ti:




Nos vemos en viernes en La Revoltosa :-)

martes, 10 de noviembre de 2015

Rimbaud: Mañana:



Mañana no. Hoy. Un diez de noviembre. Pero de 1891. La palmaba Arthur Rimbaud. Después de una vida en guerra, desearle solo una eternidad en paz:




MAÑANA


         ¿Tuve una vez, una juventud agradable, heroica, fabulosa, como para ser escrita sobre páginas de oro? - ¡demasiada suerte! ¿Por qué crimen, por qué error, he merecido mi flaqueza actual? Vosotros que pretendéis que existen animales que lloran de pena, enfermos que se desesperan, muertos que sueñan mal, probad de explicar mi caída y mi sueño. Yo no puedo explicarme mejor que como lo hace el mendigo con sus sempiternos Pater y Ave Maria. ¡Yo ya no sé hablar!
         No obstante, hoy creo haber terminado el relato de mi infierno. Verdaderamente, era el infierno: el antiguo, aquél del que el Hijo del hombre abrió las puertas.
         Siempre en el mismo desierto, en la misma noche, mis ojos cansados se despiertan ante la estrella de plata, sin que se conmuevan los reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¿Cuándo iremos más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del trabajo nuevo, la nueva sabiduría, la huida de los tiranos y de los demoniso, el fin de la superstición, para adorar -¡los primeros!- La Navidad en la tierra?
         ¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida.



        Arthur Rimbaud. POESÍA COMPLETA, Ediciones 29, 1991.




domingo, 8 de noviembre de 2015

Larry Levis: El poema que pediste:



    Sitio Web de la Imagen


EL POEMA QUE PEDISTE

Mi poema no comía nada.
Quise darle agua
pero dijo no,

preocupándome.
Día tras día
lo puse a contraluz,

le daba vueltas
pero sólo apretaba más los labios.

Se volvió sombrío, como un sapo
cansado de que lo molesten.
Le ofrecí todo mi dinero,

mi ropa, mi coche con el depósito lleno.
Pero el poema miraba al suelo.
Al fin lo recogí

entre mis manos, lo llevé cuidadosamente
afuera, al aire suave, al
tráfico de la tarde, preguntándome cómo

terminar las cosas entre nosotros.
Porque había empezado a respirar,
añadiendo más y

más duros anillos de carne.
Y el poema pedía comida,
se bebió toda el agua,

me golpeó, me quitó mi dinero,
arrancó las ropas desteñidas
de mi espalda,

dijo Mierda
y se alejó despacio
alisándose el cabello.

Dijo que iba
a tu casa.



Larry Lewis en Nuevas Voces de Norteamérica (Plaza & Janés, 1981)

Traducción de Claribel Alegría y D. J. Flakoll.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Hoy, Sábado: La Vida Alegre:








VII

Ha sumergido la piel en espuma caliente 
apartando el blanco jabón seminal.
Tejedora de túneles sedosos sólo en
ese cosmos de hervores se reconoce 

consciente de la envoltura grasa ya
                    abandonada en el suelo.
Aval y seña del tránsito exigido,
cada trozo vencido y recompuesto 
es suyo -masticado, digerido - y
lo reivindica como herida amada. 
Fueron son es una y múltiple,
la esclava de membranas dulces
que nada en la artesa, la yegua exacta, 

madre exquisita de cola oscilante.
No teme las marcas que la hacen 
                                    parecer feroz. 



Laura Fjäder (poema inédito).





Macky Corbalán: La llave & Esa mujer:



LA LLAVE

La miro con detenimiento,
con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

"La llave de mi corazón" decís al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera
elegir el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor
es materia de fe.




ESA MUJER

Quisiera ver la nueva casa
llenarse de colores y que ella,
la que jamás supo de soledad
de gente, se sintiera acompañada.
Ahora sabe de esa soledad, pero no
de aquella que supo pegársele de
niña: con sombra, con juegos, con
amargos vientos en las piernas, se creía
acompañada, pero era nada más
la rojiza caricia
del sol en la siesta de la chacra.
Da pena el sólo pensarlo. Ahora
anda por esos cuartos nuevos y
pone cosas aquí y allá, como si
esas cosas no fueran ella. Como si
fuéramos algo más allá de los objetos:
ese sillón arañado de gatos, las ropas
colgando desoladas en el aire del
patio, el balde de plástico abandono.
Se le llena la cabeza de las voces
del miedo, por eso apela a los juegos con
animales que le saltan y ensucian, ríe
fuerte, alto, piensa en comidas que
hará, en llamar a la radio por quejas
de todos, hace y rehace la cama que
ocupa sola.



Macky Corbalán en Antología de poesía de la Patagonia (Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2006).




jueves, 5 de noviembre de 2015

Thom Gunn: Mis tristes capitanes & Chaquetas negras:


MIS TRISTES CAPITANES

Uno a uno aparecen en la oscuridad:
unos pocos amigos,
y unos pocos con nombres históricos.
¡Qué tarde comienzan a brillar!
Pero antes de que se desvanezcan
Se levantan perfectamente personificados.
Y todo el pasado, como un manto de azar, los acaricia.

Ellos fueron hombres quienes, pensé, vivieron
solamente para renovar las desperdiciadas fuerzas
gastadas en cada ardiente convulsión.
Pero ahora, a pesar de la distancia, permanecen en mí.

La verdad es que ellos no descansan aún,
porque ahora que están realmente
apartados, lejos de los fracasos,
se dirigen hacia otra órbita
y se vuelven, como las estrellas, hacia nosotros
con una sólida y generosa energía.




         CHAQUETAS NEGRAS

         Cuando la música del disco termina
Y el silencio crudamente prolonga un instante de tiempo,
         El pelirrojo, que en sus días laborales conducía una camioneta
Vistiendo un guardapolvos, ahora, como sus amigos,

         Llevando puestas botas de motociclista y una chaqueta
Para arreglárselas con la pandilla de los domingos,
         Escuchó, al inclinarse con una cerveza en la mano,
El suave crujido del cuero rodeándole el cuello y el mentón.

         Frente a él, en su manga de color carbón, habían quedado
Como marcas de sus lejanos esfuerzos, manchas, rayas y quemaduras.
         Pero esas insignias no podrían revivir
Las heroicas caídas o los ascensos donde fueron ganadas.

         Pero puestas en los hombres que bebían apiñados,
Creando siempre una nueva personalidad para su impenetrable pandilla;
         No eran más que simples trozos de cuero,
Los cuales, adheridos a los hombros donde habían crecido,

         Emitían ahora, a través de la oscuridad del bar,
Señales anónimas e inesperadas de luz,
         Como aquellas luces que producen los barcos: a veces
Destellan en la bahía; otras veces, están perdidas en medio de la noche.

         El chico se estiró como un gato, y sintió
El amargo sabor de la cerveza sobre su lengua,
         Escuchó una broma que estaban contando:
Pero prefirió quedarse con las cosas del presente.

         Si solamente fuera una pérdida lo que llevaba puesto,
Lo que llevaba puesto era para confirmar, con una devoción feroz,
         Su complicidad y nada más.
Se acordó de su iniciación en el grupo

         Y, especialmente, de uno de los ritos:
Sobre los hombres de él habían grabado algunos tatuajes:
          El nombre del grupo a la izquierda, Los Caballeros,
Y a la derecha, el lema Nacido Para Perder.


Thom Gunn en 26 poetas de lengua inglesa del siglo XX (Editores Be-uve.dráis, 2003).

Traducción de Diana Dunkelberger y Marcelo Rioseco.




Ana Vega escribe en Trasversales sobre Campanas de Etiopía: La poesía de la consciencia o cómo afrontar el vértigo de la verdad:


La poeta Ana Vega ha escrito esta reseña o crítica sobre mi libro de poemas Campanas de Etiopía, editado este mismo año, en el número 36, correspondiente a este mes de octubre, de la revista Trasversales. Te voy a dejar el enlace a este número 36 de Trasversales, donde puedes leer no solo lo que Ana Vega ha escrito sobre Campanas de Etiopía sino también el resto de contenidos de esta revista, ahí te va:




No obstante, debajo de la cubierta de mi libro, me he tomado la comodidad de copiártela entera.





LA POESÍA DE LA CONSCIENCIA o CÓMO AFRONTAR EL VÉRTIGO DE LA VERDAD.
Las campanas de Etiopía. Los que viven conmigo. Cuaderno 1.
David González, Editorial Origami, 2015, 124 páginas.

Los lectores habituales del poeta David González comprobamos una vez más que el hombre y el poeta aún pueden sorprendernos. En un sentido estrictamente literario la construcción de este libro obedece a la evolución exacta de un escritor que no defrauda, sino todo lo contrario, insta al lector a seguir leyendo, a mantenerse fiel pues una vez más, éste no ha sido decepcionado: quien escribe trabaja con toda su voluntad, tiempo y esfuerzo en hacer del oficio maestría. Oficio que bien conoce tal y como demuestra no sólo este libro sino a través de toda su trayectoria, poética -compromiso más ética, en este caso- que no defrauda en su búsqueda incesante de la transcripción exacta de la realidad y de esa verdad, por tanto, que resulta transformadora. Una verdad cruda, sin paliativos, reordenada por el oficio y el instinto de un escritor de raza, pero que se nos ofrece con la misma naturalidad con la que el ser humano provoca la devastación en cualquier otro ser humano o especie. Esa capacidad innata de crueldad pero también de redención. Demonio o ángel, en nuestras manos. "Dios es/ según mi abuelo/ la conciencia/ de cada cuál:/ eso explicaría/ por qué hay/ tan poca fe/ y tan poca conciencia", dice el poema y también el hombre, al igual que un niño pregunta por la muerte. La verdad tal cual, aunque nos ofenda, aunque duela. El poema se cierra siempre con una llave a modo de cita, en este caso la de Serguei Esenin: "El hombre negro me impide dormir por las noches".

La sociedad necesita imponer marcas, categorías, catalogar todo lo que ve y se encuentra, por eso esta poesía desnuda y salvaje, escandalosa por este ofrecimiento casi caníbal de verdad y este tensar las cuerdas hasta el extremo, ha sido definida como realismo sucio, poesía de la conciencia crítica pero es justo ahora cuando encuentra su acomodo perfecto a través del término de"poeta de la consciencia", acuñado recientemente por Natalia Salmerón en su trabajo Aquello que conservamos después del naufragio: un acercamiento a la poética de la consciencia de David González. Término que se adapta fielmente a esta concepción global de compromiso poético y respeto por la palabra, propia y ajena, tal y como demuestra su activismo literario ferviente en su blog y redes sociales.

David González es ante todo un lector voraz. Su obra es tan amplia como insuficiente para el animal lector que también lleva dentro quien devora sus libros. Leer al poeta gijonés (San Andrés de los Tacones, 1964) es siempre un pulso entre dos. Pero también un acercamiento a uno mismo, cierta introspección y descenso al infierno. Quizá sea necesaria aplicarnos una lección de humildad: "Si en una familia de cuatro/ no nos ponemos de acuerdo: / cómo confiar entonces/ en que lo haga el mundo" (El poema concluye con la cita de Varlam Shalámov: "Vuestra constitución es el código penal"). La mejor descripción posible.

Señas

de lo que encontraremos en este libro y estos poemas es la que abre dicha lectura bajo la cita de Hunter S. Thompson: "Y supongo que ése es uno de los auténticos objetivos de escribir, exponer las cosas o la vida tal y como son y por este camino descubrir la verdad que hay en el caos". También cierta obstinación a lo largo de todos estos años de libros y versos: "Caminas por las calles/ y da señales/ de ti mismo". Si es que algo queda.... Repican estas campanas en nuestro interior más allá de esta lectura, de este libro y de esta consciencia desgarradora.



Ana Vega en Trasversales, nº 36, octubre 2015.


Mi agradecimiento para Ana Vega por este texto que ha sido una auténtica sorpresa, y de las buenas cabría añadir. Añado. De las buenas. Muchas Gracias, Ana. Que la vida te sonría :-)




miércoles, 4 de noviembre de 2015

David González: Sangre en las venas: Ateneo Obrero de Gijón, 2015:



Clip de vídeo en el que recito mi poema Sangre en las venas, de mi libro Campanas de Etiopía, grabado por Laura Fjäder con su móvil:




Muchas Gracias, Laura :-)


David González: Astronautas (y 7):





ASTRONAUTAS (y 7)

En primer lugar, es aconsejable que, tal y como yo hice, media hora antes, minuto arriba minuto abajo, de inyectarte las mil ochocientas, 1800, dosis de insulina, mortales de necesidad, dejes disolverse bajo la lengua dos o tres comprimidos de Valium 10 , o lo que es igual: dos o tres comprimidos de Diazepan Prodes.  Poco más tarde, cuando se dejen sentir sus efectos, te acurrucarás, en posición fetal, y entrarás flotando en esa noche oscura sobre la que ya escribió en su día el poeta Dylan Thomas. En segundo y último lugar, y es esta, la que sigue, una condición indispensable, de mortal importancia, que no admite discusión posible, el astronauta, en el momento de su ansiado tránsito, llámalo sueño, hacia el coma diabético, hacia la nada, ha de encontrarse completamente solo y aislado, en cuarentena, si se me permite la expresión. Eso, como es natural, si el cosmonauta no quiere que, consciente o inconscientemente, le acabe sucediendo lo que a mí, o sea, resucitar. En mi caso en concreto, en cada una de las ocasiones, tantas como bolígrafos de insulina trae cada caja de seis, en que estuve en un tris de cruzar el umbral y perder la conciencia, desmayarme, y entrar así en el estado, casi irreversible, de coma diabético, serían las mujeres, esas que decían que me amaban, las que me mantendrían despierto, las que me harían tragar, contra mi voluntad, la cantidad suficiente de azúcar como para traerme de vuelta a la vida. Qué vida, cabría preguntarse. Qué vida, cabría preguntarles a ellas. Preguntárselo a Barbel, a Chica, a Dalila y a Manuela. La respuesta a semejante pregunta está en los libros de poemas y en los relatos que he escrito y editado. Si sientes curiosidad, cosa que dudo, solo tienes que comprarlos, o robarlos, y leerlos. Y si lo haces, leerlos, entonces, en ese caso, estarás de acuerdo conmigo en el siguiente enunciado, con el que pongo fin a esta narración y con ella a mi vida:  aunque sea por mi por propia mano, hay cosas que no se pueden dejar al azar, después de una VIDA AMARGA me merezco, creo yo, una muerte que la compense, que me compense, o sea, una, la, MUERTE DULCE.


David González en el Cuaderno 3, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.

martes, 3 de noviembre de 2015

La Casa de la Poesía: Zhivka Baltadzhieva & Dusica Nikolic Dann:


Mañana, día 4 de noviembre de 2015, en La Casa de la Poesía, tendrá lugar un recital a cargo de la poeta búlgara Zhivka Baltadzhieva y la poeta serbia Dusica Nikolic Dann:



BAJO EL MISMO CIELO

¡Qué terrible trabajo,
pobre verdugo!
¿Como podrá dormir esta noche?
Fue lo último que pensó el condenado
y miró al cielo.
¡Qué bien,
no hay mas trabajo hoy!
Pensó el verdugo,
También miró al cielo.
Al mismo cielo.

Sobrevoló la plaza un águila,
miró con su ojo penetrante,
y decidió que abajo
no hay nada interesante.


Dusica Nikolic Dann en El Sur de tu Sonrisa.




PALABRAS IV

El sonido de las monedas
que está contando el mendigo,
a quien los que pasan
se dirigen con una moneda tirada,
también son palabras.


Dusica Nikolic Dann en El sur de tu sonrisa.





David González: Astronautas (6):





ASTRONAUTAS (6):

Llegado a este punto, ya en el canto de la sepultura, todavía estaré a tiempo, si me acojono, de arrepentirme, otra de las ventajas nada desdeñable del suicidio por sobredosis de insulina, y dar marcha atrás, esto es: endulzar mi paladar y mi sangre mediante la ingesta de varios sobres o terrones de azúcar. Eso, claro está, en el supuesto de que el cansancio, otro de los síntomas de una muerte por sobredosis de insulina, no haya hecho mella en mí y me impida estirar el brazo hacia la mesilla de noche, donde siempre, tanto si decides suicidarte como si no, deberías tener al alcance de la mano unos sobres o terrones de ese antídoto. Ahora bien, como no haya sido previsor y tenga que levantarme a la cocina, y mira tú que me queda cerca, a por el dichoso azúcar o, en su defecto, a por cualquier otro alimento rico en contenidos de glucosa, esto es, chocolate, fruta, galletas, rebanadas de pan… entonces apaga y vámonos, porque para mí se acabó lo que se daba, se acabó lo malo: la huelga general de brazos caídos de todos y cada uno de los músculos de mi desencantado cuerpo, debilidad extrema sería la expresión correcta, haría fracasar cualquier intento por mi parte de abandonar el ataúd en el que, no tardando mucho, se transformará mi cama, la misma cama que, recuerdo, compramos Chica y yo cuando nos mudamos, quince años atrás, a esta casa de prestado en la que aún sigo viviendo, perdón, en la que aún sigo muriendo. Por poco tiempo ya, sin embargo, puesto que la pesadez de mis párpados, el vaivén de mi cabeza y, todo hay que decirlo, el agradable y delicioso sopor que se está apoderando de mí me sumirán, cristalizarán, en un sueño dulce, dorado y profundo, el sueño de los justos: El Sueño Eterno. Coma diabético. En este estado, comatoso, sufriré convulsiones similares, imagino, a las de un ataque de epilepsia, aunque, desde luego, yo no seré consciente de ellas. A estas alturas de la narración, y a todos los efectos, ya me he suicidado y estoy muerto, más muerto que vivo, librándote con ello de mi desagradable y molesta presencia, espejo en el que nadie quiere mirarse, y en consecuencia, como comprenderás, no puedo hacer uso de la facultad del habla, sin embargo, déjame decirte, lo creas o no, que no sería la primera vez que me hacen resucitar, y no Jesucristo precisamente, lo que me da la oportunidad de revelarte, con conocimiento de causa, de primera mano, cierta información que considero pertinente y valiosa.


David González en el Cuaderno 3, inédito, del ciclo Los que viven conmigo.