Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

viernes, 1 de mayo de 2015

Buenas tardes: José Luis Martínez Clarés: Ayuno del Día del Libro:


El pasado día 23 de abril, el escritor José Luis Martínez Clarés, en Palabras Efímeras, su cuaderno de bitácora, escribió unas hermosas palabras acerca de mi libro de poemas Campanas de Etiopía. No las había leído hasta hace unos minutos y, como sin duda él sabe, le estoy muy, pero que muy agradecido :-) Tanto que he decidido consignarlo en este post, acompañando sus palabras de otra fotografía que me hizo marc GreenBase:





AYUNO DEL DÍA DEL LIBRO

No me pregunten de dónde saco el tiempo para poder leer. Créanme si les digo que aprovecho cualquier circunstancia favorable para picar entre horas, pero hoy (concretamente hoy) Día del Libro, mientras el resto de la humanidad se plantea devorar algún texto suculento, yo no podré darme un homenaje. Desde muy temprano, he echado mis cuentas y no voy a disponer de cinco malditos minutos para llevarme a los ojos un mísero bocado de libertad. Hoy, precisamente hoy -entiéndame-
tendré que vivir de las rentas como vivieron aquellos imprudentes señoritos del fin de siglo, tendré que acudir a mis retales de las últimas semanas, a lo ya leído. Algo debe quedar en la nevera. Veamos. Perfecto. Un David González: uno de esos platos inclasificables de un cocinero inclasificable: uno de esos (ustedes me entienden) que te hacen sentir bien desde el primer bocado: un manjar sin malabarismos que se mete por los ojos y se paladea en el recuerdo: un sabor que no se olvida: Campanas de Etiopía (Origami, 2015).
Los versos de González, tan sencillos como emocionantes, cocinados en el submundo del día a día, son un maravilloso alimento cotidiano, y, con contundencia, nos plantan delante de las narices, a gritos si fuese preciso, los aromas que antes pasaban desapercibidos para nuestros ojos inexpertos. Leer a González es comerse a uno mismo; merendarse el mundo que pisamos, pues la realidad -si me permiten- es un plato que asusta y seduce a la vez, un plato que incita al canibalismo.
No olviden servirlo calentito. Que aproveche.



José Luis Martínez Clarés en Palabras efímeras, 23-04-2015.



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