Dibujo de COVADONGA LÓPEZ CANALES

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Desafié a los ricos, o más bien, dado que ellos son como son, a quienes los admiran. He luchado para sacar la cabeza del fango sin presentir jamás cómo al final sería derrotado. Si el poema fallaba estaba perdido:

William Carlos Williams.
Yo nunca he soñado, excepto con ustedes
para atracaros o mataros:

Denis Vanier

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Charles Simic: Mil novecientos treinta y ocho (y 3):


LA ALARMA

Centenares de ventanas se llenan de rostros
Por algo que ha sucedido en la calle,
Algo que nadie puede explicar,
Porque no acudió un camión de bomberos, ni un grito, ni un disparo,
Y sin embargo, aquí estaban todos.
Unos tapándoles los ojos a sus hijos,
Otros asomándose y gritándole
A la gente de los alrededores
Con la misma compostura y apariencia tranquila
De quienes pasean los domingos
En algún otro siglo, menos violento que el nuestro.




EL MUNDO

A ti que me torturas
Cada día
Con tus crueles herramientas,
Estoy a punto de confesarte
Una desesperación
Más oscura que todas tus noches
Más oscuras.

Fue el día que me trajiste
La foto de una mujer
Y un niño huyendo
Por un camino con una hilera de árboles,
Después vi otra foto de ellos dos
En el suelo
Con sus cabezas ensangrentadas
En el mismo camino sinuoso.

Había un cielo sin nubes
De final de verano
Y los árboles se estremecían
Con la primera lluvia
Fueron los días en que pusimos
Toda nuestra confianza en el mundo.
Sólo para ser engañados.



Charles Simic. Mil novecientos treinta y ocho. Valparaíso Ediciones, abril de 2014. De la traducción y el prólogo Nieves García Prados. Fotografía de portada: Aaron Clamage. Diseño de portada y maquetación: Chari Nogales.



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