Diseño de portada: INÉS PRADILLA sobre una Fotografía de JOSÉ MARÍA PÉREZ FERNÁNDEZ

La de David González es una causa perdida -y por eso mismo más noble- contra mil años de cuentos de hadas:

Ainhoa Sáenz de Zaitegui.
Necesitáis personas como yo... Necesitáis personas como yo para señalarlas con el dedo y decir: Ese es el malo... Y eso, ¿en qué os convierte a vosotros? ¿En los buenos?... No sois buenos... Simplemente sabéis esconderos. Sabéis mentir... Yo no tengo ese problema. Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento:

Tony Montana
Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado fuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo. Pero fuerzo una sonrisa, sabiendo que mi talento sobrepasaba con mucho mi ambición. Ya
no hay caballos blancos ni mujeres guapas en mi puerta:

Georges Jung

jueves, 28 de noviembre de 2013

Alicia Es. Martínez Juan: No se le miran las bragas a la muerte (1):

No se le miran las bragas a la muerte, es el segundo poemario de Alicia Es. Martínez Juan, conocida también por su faceta de agitadora cultural en Valencia primero y en Toledo ahora,  para el que he escrito unas palabras a modo de prólogo, Una vida nueva, así que lo mejor es que las leas, aunque antes, un poema que me gusta mucho:


[ HE VISTO CIUDADES]

He visto ciudades
sucumbir ante el avance del musgo,
balcones mancillar la pureza de la piedra.
He visto banderas inclinadas ante el viento.

He visto ciudades
vivir al margen de sus habitantes,
a pesar de sus habitantes
y elevarse hasta fluir en el cielo
suicidando a sus vecinos
por las alcantarillas.

Ciudades de hormigón armado
aplastadas bajo el puño de la bestia.

He visto hombres
claros
sobreviviendo sobre un bordillo
con un termo de café y la espalda aún al cinto.


Y a mujeres caminar
sin bajar la mirada
por una playa de trigo.




  UNA VIDA NUEVA

  Uno tiene la impresión, al menos yo la tengo, vívida impresión, tras la lectura, más que provechosa, de este segundo y doloroso y esperado libro de lúcidos, comprometidos e inquietantes poemas, por momentos devastadores, de que Alicia Es. Martínez, su autora, una autora que escribe desde la preocupación social, el compromiso político y los valores éticos y morales de la llamada Poesía de la conciencia crítica, no solo se escribe y nos escribe desde las más íntimas profundidades de su ser, desde las mismísimas entrañas, como queda ya de manifiesto en el poderoso verso de apertura:

  Escribo desde el útero: tengo una vida ahí dentro

  sino que, sin apenas referencias biográficas, las justas en todo caso, y valiéndose de esa escritura visceral, de palabra cercana a lo coloquial, pero que no por eso renuncia a cierto grado de hermetismo, como tampoco al gusto por la sentencia filosófica: La montaña calla / reivindica su altura / con silencio, y algún que otro guiño a la tradición romántica de nuestra poesía, y pienso en el Bécquer más lóbrego y sombrío, Alicia Es. Martínez, con trazo firme y tintes negros, no solo se dibuja y nos dibuja el paisaje claramente desolador de una sociedad en crisis, esta nuestra por desgracia, una sociedad en estado de guerra permanente con los ciudadanos que tratan de formar parte de ella, es especial con los más débiles, sino que, al mismo tiempo, al margen de señalar e identificar a los culpables de este caos, esos Señores de la tierra, deja caer por el texto, a modo de semillas en ciernes, posibles alternativas a este desalentador estado de las cosas, como podría ser, por citar solo una de ellas, sino ya el retorno a la naturaleza, presente en el imaginario beat, sí al menos su cuidado y protección: Cuido un bosque de coníferas, de manera que también puedan florecer las otras semillas, esto es, el amor y el respeto y el entendimiento hacia nuestros semejantes, la empatía y colaboración con ellos, pues si bien es cierto que

  el hombre apaga el fuego solo,

no lo es menos que no podría hacerlo sin el agua de los cubos que otras manos le alcanzan; sin olvidarnos, tampoco, por último, que Alicia Es. Martínez, poeta clarividente, posee además la rara y genuina cualidad -mal que le pese a la (aparente) desesperanza (solo aparente) que se percibe en muchas de estas composiciones- de saber transmitir a sus lectores, de contagiarles, el carácter y el estado de ánimo y las energías vitales necesarias para enfrentarse a su vida cotidiana con la misma entrega, esperanza y vitalidad con que, nos consta, la propia poeta se enfrenta a la suya, y tratar, como ella, de hacerla más habitable, más justa y más solidaria; y esto, Alicia, lo consigue por medio de una poesía francamente oral, una poesía ágil y nerviosa, que se despliega por el texto como un alud, el alud de los puños en alto del común de la gente, ante el paso de las mujeres, entre ellas, predicando con el ejemplo, la propia poeta, que caminan

  sin bajar la mirada

  por una playa de trigo.

Una poesía, la de Alicia, que es, o debería ser, también la nuestra.


Alicia Es. Martínez Juan. No se le miran las bragas a la muerte. Editorial CELYA, julio 2013. Prólogo de David González. De la imagen de portada: Fransi Nieto "Fransini".



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